Tener sexo y hacer el amor son dos conceptos que implican placer. ¿Dónde hay que firmar para disfrutar de ambos el resto de nuestra vida? Te apuntarías a los dos planes con los ojos cerrados. Eso sí, hay un momento para cada cosa, pues no son lo mismo.

El matiz que los diferencia ni siquiera reside en los sentimientos hacia la otra persona. Y es que, el lunes puedes hacerle el amor a tu pareja y el fin de semana, simplemente, tener relaciones. Entonces, ¿en qué se distinguen estas dos concepciones de una de las mayores satisfacciones de nuestra existencia?

¿Hacer el amor o tener sexo? La eterna pregunta

Este interrogante genera un sinfín de debates. Estamos de acuerdo en que practicar sexo no implica estar obligado a querer a la otra persona. Por lo tanto, ciñéndonos al significado estricto del concepto, no es posible hacer el amor sin estar enamorado. Aunque es cierto que, en este caso, los amigos con derecho a roce coquetean con la línea que separa a estas dos ideas.

El disfrute personal o mutuo

Este es el primer criterio universal que establece las diferencias entre una manera y otra de tener contacto íntimo. El segundo principio está relacionado con el goce que se persigue. ¿Buscas el disfrute de tu pareja por encima de todo? Sin duda, eso es amor. ¿Solo pretendes el deleite personal? Lo tuyo es puro sexo.

Eso sí, puede que dispongas del don de la generosidad. En ese caso, tu agrado quizá se vea aumentado con la complacencia del otro. Por lo tanto, en esta segunda norma también hay una objeción.

Los juegos previos

Los preliminares también ejercen un papel protagonista a la hora de establecer las disparidades. El concepto ‘hacer el amor’ sugiere un encuentro más completo. Y no solo nos referimos a los juegos previos. La cena romántica, las velas y esa balada que suena en tu equipo de música calientan el ambiente. Con esta organización demuestras que la otra persona te importa de una manera especial.

No escatimar detalles en esta fase inicial significa que muestras preocupación por conocer a tu pareja de cama. Profundizar en cada una de sus apetencias conduce a hacer el amor. Por el contrario, el ‘aquí te pillo, aquí te mato’ es sinónimo de sexo sin más. Y eso, como comentábamos al inicio, no es exclusivo de desconocidos.

El tiempo: ¿una excusa?

Puedes experimentarlo también con esa media naranja a la que adoras por encima de todas las cosas. ¿O qué es acaso ese encuentro sexual que tenéis antes de ir a trabajar? A ver quién es el listo que se pone manos a la obra con los juegos previos cuando vas con la hora pegada al trasero. Explícaselo a tu jefe si llegas tarde. En este caso, la falta de tiempo no supone una excusa para no emplearse a fondo en un encuentro sexual.

La importancia de las circunstancias

El ritmo acelerado de nuestras vidas no nos permite demasiadas concesiones. A veces, tampoco en el sexo. Como estamos viendo, los encuentros instantáneos con tu pareja no se pueden meter en el bote de momentos para hacer el amor. Sí, cuando vivimos situaciones especiales.

¿Qué me dices de un viaje romántico a París? ¿Y de un momento de intimidad en ese hotel que ofrece experiencias temáticas relacionadas con tu serie de cabecera? Enredarse bajo las sábanas la noche de la boda de tu mejor amiga también conduce a una noche de pasión y amor.

En definitiva, ambas opciones resultan ideales. Eso sí, no haber experimentado nunca la sensación de hacer el amor es una asignatura pendiente.

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